Las venas de Madrid

Museo Arqueológico de los Caños del Peral. Madrid, 2019 ©ReviveMadrid

Museo Arqueológico de los Caños del Peral. Madrid, 2019 ©ReviveMadrid

Viajes de agua, ingeniería DE MAYRIT

Si de algo puede presumir la ciudad de Madrid es de la calidad de su agua, lo que hace que, a diferencia de otras ciudades españolas, beber de sus grifos resulte una delicia, pero… ¿alguna vez te has preguntado cómo llegó el agua corriente a la capital? Su origen está en los llamados viajes de agua.

El subsuelo de Madrid está excavado con cientos de kilómetros de galerías que conforman el sistema de canalizaciones acuíferas que los árabes comenzaron a implantar en la ciudad en el siglo IX. La contaminación permanente del río Manzanares y su falta de caudal les obligaron a buscar esta alternativa para abastecer de agua a la población.

Los viajes de agua, o qanat, resultaban una solución muy eficaz. Consistía en construir una hilera de pozos unida por una galería subterránea desde la Sierra de Madrid hasta la ciudad. El agua sencillamente se desplazaba por la diferencia de cota, como un río subterráneo, sin que fuera necesario bombeo alguno.

Estos “viajes” fueron uno de los motivos que impulsaron a Felipe II a fijar, en 1561, la capital del reino en Madrid. Ya en el siglo XVII, con la llegada de la Corte, aumentaron las necesidades de agua de la ciudad, se repararon antiguos viajes de agua de la época árabe y se construyeron otros nuevos, junto con extensos ramales, para abastecer a los madrileños.

Las galerías tenían una altura aproximada de 1,80 metros y un lecho de grava en su interior limpiaba el agua de impurezas. Una vez entraba en la ciudad, las galerías se transformaban en canalizaciones que desembocaban en depósitos. Desde estos, se distribuía al resto de la urbe, tanto para usos particulares como para las fuentes públicas, en torno a las cuales giraba gran parte de la vida madrileña.

Los principales viajes de agua eran los de Amaniel, Castellana, Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo y Alcubilla. Se han llegado a contabilizar más de 124 en toda la ciudad, muchos de ellos activos hasta la creación del Canal de Isabel II, en 1858. Hoy en día, el parque de la Fuente del Berro se sigue regando con el agua procedente del viaje de su mismo nombre y es muy habitual que las obras urbanas se vean paralizadas por la existencia de estas galerías.

El viaje de agua de Amaniel, construido entre 1614-1616, tenía la peculiaridad de ser privado, pertenecía a la Casa Real y daba servicio al Palacio. Además, era utilizado por la Corona para otorgar concesiones de agua a conventos y nobles. Uno de sus tramos se exhibe bajo la Plaza de Isabel II, dentro de la estación de Metro de Ópera, en este Museo Arqueológico de los Caños del Peral, junto a una recreación de la histórica fuente de los Caños del Peral que se encontraba ubicada en las cercanías del Monasterio de la Encarnación. Esta fuente abasteció de agua a los madrileños hasta mediados del siglo XIX, distribuida a través de una red aguadores, uno de los gremios más importantes de la Villa.

Como ves, cualquier sencillo gesto de nuestro día a día, está marcado por un proceso de evolución histórica... hasta abrir el grifo para disfrutar de un trago de agua potable... un hecho anecdótico para nosotros que, por desgracia, más 768 millones de personas en el mundo hoy no pueden disfrutar por falta de recursos. Unos 1.400 niños menores de cinco años mueren diariamente a causa de enfermedades relacionadas con la falta de acceso a agua potable. Somos muy afortunados, ¿verdad?, seamos también responsables no desperdiciando este bien tan preciado.

Francisco de Quevedo Villegas (Madrid, 1580 - Villanueva de los Infantes, 1645)

Francisco de Quevedo Villegas (Madrid, 1580 - Villanueva de los Infantes, 1645)

Manzanares, Manzanares, arroyo aprendiz de río
— Francisco de Quevedo y Villegas


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