La casa de empeños

Casa de las alhajas. Madrid, 2019 ©ReviveMadrid

Casa de las alhajas. Madrid, 2019 ©ReviveMadrid

MONTE DE PIEDAD, EL ALIVIO DE LOS POBRES

Si hoy en día todos somos conscientes de que la crisis y el paro hacen difícil a muchas familias poder llegar a final de mes, en épocas como la posguerra en las que el hambre era la tónica general de la sociedad española, existía una institución, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, que favorecía los préstamos a través de empeños. Su sede se encontraba en este edificio, la Casa de las Alhajas, en la Plaza de San Martín de Madrid.

El Monte de Piedad fue fundado en 1702 por el sacerdote Francisco Piquer Rodilla, (Teruel, 1666-Madrid, 1739), capellán del convento de las Descalzas Reales y de la Capilla Real. Pretendía crear una institución benéfica con el objetivo de combatir los abusos de la usura concediendo préstamos a bajo interés sobre alhajas, ropas y otros efectos a las clases más pobres. Además, prestaba servicio religioso para la salvación de las almas del purgatorio.

El Padre Piquer convenció a las monjas del Convento de las Descalzas para que hicieran donaciones destinadas a las ánimas del purgatorio, a cambio de rezar por ellas. Así pudo conseguir los fondos necesarios para comenzar a pagar a quien empeñaba algún objeto.

Inicialmente la institución se instaló en el propio Convento de las Descalzas Reales, pero pronto necesitó de un espacio mayor, construyéndose un edificio ex profeso para el Monte de Piedad en la propia plaza. De este edificio original hoy sólo se conserva la portada de la capilla, obra de Pedro de Ribera.

Años más tarde, en 1838, el Marqués viudo de Pontejos constituía la Caja de Ahorros de Madrid. Surgió vinculada al Monte de Piedad, realizando una labor social que ayudara a socorrer a las clases más desfavorecidas.

En julio de 1870 se convocó un concurso para la realización de un nuevo edificio, realizado con materiales incombustibles para mayor seguridad de los objetos custodiados en el edificio. El proyecto de los arquitectos Fernando Arbós y José María Aguilar resultó ganador, aunando utilidad, diseño e innovación técnica.

Esta institución llegó a acoger empeños de todo tipo... ajuares de novia, lencería, cuberterías, abrigos… y hasta los trajes de los domingos: la gente los desempeñaba los viernes, el día que cobraban, para ir a misa y salir a pasear, y los lunes volvían a empeñarlos.

Es muy conocida la anécdota de un vecino que empeñaba su colchón en el mes de mayo para poder comprarse el abono de los toros en la Plaza Monumental de Las Ventas. Dormía en la tabla durante la Feria de San Isidro y en los últimos días de reventas, recuperaba el colchón recomprándolo.

Al margen de las anécdotas, en la época del hambre en España hubo gente que llegó a empeñar la cacerola o su abrigo para comer algo y no morir de inanición… en esa misma época en la que el búnker de este edificio sirvió a la población como refugio durante los bombardeos de la Guerra Civil.

Actualmente este inmueble funciona como sala de exposiciones y centro cultural, un producto, la cultura, con un valor inmaterial impagable, tanto como los tesoros que este espacio atesora en sus entrañas… hoy ya no en forma de alhajas, sino en forma de recuerdos.

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936)

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936)

Dicen que insulta a los pobres el que va derrochando por la calle su dinero; pero los insulta más el que se lo guarda en la hucha para que tenebrosamente le echen crías con la usura
— Miguel de Unamuno


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