¡¡¡Chapó!!!

Sombrerería Medrano de Madrid

Sombrerería Medrano. Madrid, 2022 ©ReviveMadrid

Sombrerería medrano, dos siglos fabricando elegancia

¿Existe algún complemento de moda más práctico en cualquier época del año que el sombrero? De fieltro, los días fríos de invierno; bajo la lluvia, de gabardina; y de panamá en verano, cuando el sol pega fuerte.

Aunque, como su propio nombre indica, el sombrero fue concebido para dar sombra, también es esencial para abrigarnos durante los meses más fríos del año, pero no sólo eso, ya que el empleo de esta prenda es todo un ritual desde hace siglos… hasta el punto de que lo verdaderamente importante de un sombrero no es tanto llevarlo en la cabeza sino saber cuándo quitártelo y qué hacer con él si te lo quitas.

Los vestidos y complementos contienen mucha información sobre las personas y sus valores, y reflejan las condiciones socioeconómicas, técnicas y culturales de una sociedad concreta a lo largo de la historia. En concreto, los sombreros y tocados han tenido su propia evolución y son algo más que un simple complemento de la indumentaria.

el origen campesino del sombrero_

A lo largo de los siglos, la moda de los sombreros en España ha cambiado y evolucionado tanto en su estilo como en sus procesos de fabricación. En el caso del sombrero de caballero, se pasó de las capuchas medievales a los amplios sombreros del siglo XVIII, y de los de copa y bombines del XIX a los de paja de principios del siglo XX.

Inicialmente, el sombrero fue una prenda de uso exclusivamente masculino, como accesorio asociado al trabajo bajo el sol, destinada a cubrir la cabeza de quienes realizaban las agotadoras faenas del campo. No obstante, con el paso de los siglos dejó de ser un complemento práctico para convertirse en todo un símbolo indiscutible de estatus social y elegancia, repleto de significación.

del campo a la ciudad_

La prenda migró del campo a la ciudad y adquirió connotaciones sociales hacia el siglo XIII. En aquel Madrid medieval las clases media y baja no podían usar sombrero.

Los hombres vestían capuchas y las mujeres se cubrían la cabeza con un pañuelo o mantilla, reflejando así su austeridad. Más adelante, la capucha villana se sustituiría por un birrete con un aplique de tela, que se colocaba a derecha o izquierda dependiendo la clase social de quien lo portase.

Por su parte, monarquía y aristocracia vestían con grandes y vistosos sombreros de terciopelo, adornados con piedras preciosas, plumas y cintas extravagantes.

Con toda esta historia detrás, ya en el siglo XV el sombrero se había convertido en un símbolo innegable de civilización y modernidad en nuestro país, aumentando su demanda y naciendo así el gremio de los sombrereros.

tipos de sombrero en el siglo de oro_

En la primera mitad del siglo XVI, los llamados sombrero de camino, que se empleaban para viajar o caminar al aire libre, de ala ancha y copa baja y redondeada, fueron los más empleados en el mundo rural. Por su parte, los sombreros cortesanos o de ciudad eran de copa muy alta, redonda y ala estrecha y rígida, adornados con cordones, borlas, cintas o trenzas. Se fabricaban con fieltro y se cubrían con tafetán o terciopelo.

Los hombres de armas y los caballeros de finales del XVI y principios XVII vistieron sombreros de copa alta, aplastada y ala estrecha, más prácticos y seguros a la hora de entrar en combate.

Pero sin duda, el sombrero más conocido a lo largo Siglo de Oro español fue el denominado chapeo o “chambergo”, de copa achatada y ala más ancha y flexible.

El chambergo era el tocado característico de las tropas españolas de Flandes: los famosos tercios. Estaba fabricado con fieltro y se distinguía porque el ala se sujetaba a veces con un botón denominado “presilla”, lo que facilitaba la visión del soldado aun teniendo el ala ancha, que le servía para cubrirse tanto de la lluvia como del sol.

El chambergo a veces se adornaba con una pluma, un diseño que se generalizó en España y que provocó que con este mismo nombre se denominaran indistintamente a todos los sombreros de ala ancha decorados con plumas, incluso anteriores a la fecha real de introducción de esta tipología.

Durante el siglo XVIII, los hombres se acostumbraron a vestir sombreros de ala muy ancha para poder así cubrir las ampulosas pelucas que en este momento se pusieron de moda.

el sombrero en el madrid ilustrado_

También en el siglo XVIII, en el Madrid ilustrado se establecieron una serie de usos sociales para el empleo del sombrero: en este momento se hizo necesario descubrirse la cabeza en las iglesias, dentro de recintos cerrados, en presencia de una dama o para iniciar el ademán del saludo.

En el siglo XVIII, el sombrero tuvo su protagonismo en la capital como motivo de revueltas históricas como el Motín de Esquilache, ocurrido en marzo de 1766 y provocado por algunos cambios en las normas del vestuario impuestos por el gobierno, que incluían la prohibición del uso de sombreros de ala ancha por parte de los madrileños.

No obstante, el cambio definitivo en el atuendo masculino de toda Europa se produjo a raíz de la Revolución Francesa, en 1789. Fue entonces cuando se simplificaron las formas y los adornos, dando lugar a nuevos tipos de sombrero, más sobrios, que sentarían las bases del sombrero moderno.

el sombrero de copa y su lenguaje_

En este momento se impusieron el bicornio y el tricornio como tocados preferidos por la nobleza para diferenciarse de las clases bajas, hasta la aparición del abuelo de los sombreros actuales: el sombrero de copa.

Aunque diseñado en Inglaterra en 1797, su popularidad no despuntaría hasta la década de 1820 como símbolo de los “dandies” europeos del siglo XIX, incluidos los románticos madrileños.

El sombrero de copa fue empleado como signo de distinción y elegancia durante más de un siglo y con él nació un protocolo de uso, como símbolo de estatus y etiqueta social burguesa.

A partir de este momento, una prenda podía marcar la posición social, pero también la forma de usarla, asociada al ritual del saludo, en función de cuándo quitarse o ponerse un sombrero.

En Francia llegó a publicarse una guía impresa sobre las ocasiones y lugares donde los hombres debían quitarse el sombrero e incluso el tiempo en el que este debía permanecer en el aire cuando se efectuaba un gesto determinado, especialmente a la hora de entrar bajo techo o de saludar a una dama, a un amigo muy apreciado o a una persona mayor.

el bombín_

Esta nueva cortesía en torno al uso del sombrero de copa se propagó por Europa, de manera que no era posible agasajar debidamente a una dama con la cabeza descubierta. Con el fin de simplificar este incómodo gesto realizado con un de sombrero de copa, el conde de Derby diseñó, a mediados del siglo XIX y también en Inglaterra, el bombín, un sombrero de media etiqueta con el que resultaba mucho más sencillo y práctico desarrollar los saludos protocolarios.

Pero no sólo se conformó un protocolo en torno al uso del sombrero, también se le asoció un lenguaje de uso cotidiano, de manera que colocarlo ligeramente hacia atrás, despejando la frente, representaba amistad y apertura; un sombrero entrecejado, inclinado hacia delante, era muestra de desafío; si se echaba de lado, era símbolo de galantería, etc…

El uso diario del sombrero de copa en España fue desapareciendo a finales del siglo XIX, dando paso a principios del siglo XX a modelos más flexibles y cómodos en su uso diario.

madrid se quita el sombrero_

Durante la primera mitad del siglo XX, en las calles de Madrid todo el mundo llevaba sombrero, pues era inconcebible salir a la calle sin cubrirse la cabeza, por este motivo las sombrererías se convirtieron en uno de los negocios más habituales de la capital.

Sin embargo, estas prendas imprescindibles en el vestir de principios del siglo XX, cayeron en desuso a partir de la segunda mitad del siglo.

Las revoluciones sociales y culturales que sacudieron al mundo desencadenaron una lenta desaparición de la etiqueta del sombrero y, posteriormente, del sombrero mismo.

El aumento en la producción industrial del sombrero implantó nuevas tipologías, más modernas y relajadas, como el sombrero semi-flexible (hamburgos, borsalinos, stetson) y flexibles (fedora, de “petaca”, etc), todas ellas muy lejos del boato de modelos anteriores.

A esto se unió la aparatosidad y la incomodidad que implicaba su uso en el día a día, especialmente con la aparición de nuevos medios de transporte, como el automóvil con techo, totalmente incompatible con el uso de sombreros.

Durante los años 60 del siglo XX, las reglas formales sobre cómo vestir comenzaron a relajarse en España. Los jóvenes madrileños comenzaron a quitarse el sombrero como un elemento distintivo de su generación y optaron por mostrar el pelo como un acto de rebeldía que implicaba dejar atrás lo que consideraban una rancia tradición.

sombrerería medrano_

A partir de ese momento las populares sombrererías que hasta entonces habían copado las calles de Madrid se convirtieron en negocios exclusivos, especialmente aquellas más antiguas, como esta Sombrerería Medrano, ubicada en la Calle Imperial, número 12.

Inaugurada en 1832 por Bernardino Abial y Roda, no sólo presume de ser la sombrerería más longeva de Madrid, sino de toda España. Desde entonces y hasta hoy, este negocio se dedica a la producción y venta de todo tipo de sombreros, desde chisteras o bombines, hasta las castizas “parpusas”, las famosas gorras que todo buen chulapo viste en las tradicionales fiestas de San Isidro.

Desde hace casi dos siglos este vetusto negocio mantiene vivo en la capital el legado de la época dorada del sombrero, cuyo uso hoy perdura a pesar del paso del tiempo, de modas y tendencias… si bien no con la etiqueta de antaño, sí como símbolo inequívoco de elegancia, originalidad y encanto.

Retrato de Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares,1547-Madrid, 1616)

No le cubría la cabeza morrión alguno, sino un sombrero de gran falda de color leonado con mucha diversidad de plumas terciadas a la valona
— Miguel de Cervantes


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