Una historia a cada paso

Feria del Libro de Madrid. Madrid, 2021 ©ReviveMadrid

Feria del Libro de Madrid. Madrid, 2021 ©ReviveMadrid

Feria del libro, un paseo entre cultura

Ocio, cultura y sociabilidad son tres de los atributos que definen a la ciudad de Madrid, y quienes sabemos valorarlos somos conscientes de lo difícil que es disfrutarlos en el mismo lugar… un tesoro al alcance de muy pocas ciudades en el mundo. En el caso de nuestra capital, la Feria del Libro es ese espacio único e irrepetible, parte de su memoria más creativa, y una cita anual ineludible para todos los madrileños.

Impulso cultural de la segunda república_

Pero… ¿cuál es el origen y el contexto en el que nació esta feria que se acabaría convirtiendo en uno de los símbolos de la capital? El caldo de cultivo en el que surgió esta iniciativa cultural y comercial fue la Segunda República Española.

Junto con la reforma agraria y la política sociolaboral, el proyecto educativo y cultural formó parte del estímulo modernizador que la Segunda República pretendía aplicar para activar un país en ruina, en un claro intento de modificar sus estructuras socioeconómicas.

El impulso de la educación y la democratización de la cultura fueron, a la vez, un deber de La República y un derecho de los ciudadanos… una conquista común, por todos y para todos, y no un privilegio al alcance de unos pocos.

Nuevas escuelas y bibliotecas_

Las nuevas libertades que impulsaba el sistema democrático republicano facilitaron, además de la creación de miles de escuelas y de nuevas plazas de maestros, la divulgación del libro y la promoción de la lectura entre la sociedad española, mediante la publicación de todo tipo de obras y la apertura de bibliotecas públicas por todo el país y para todos los ciudadanos, especialmente en el medio rural, tradicionalmente abandonado.

Las misiones pedagógicas_

A través del Patronato de Misiones Pedagógicas y de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros se pusieron a disposición de los ciudadanos numerosas publicaciones con el fin de elevar su formación intelectual y profesional, así como para mejorar el ejercicio de sus recién estrenados derechos políticos.

La nueva red de bibliotecas públicas y la actualización de sus colecciones supuso un efecto multiplicador, aumentando la consulta de los lectores habituales y aficionando a los libros a personas alejadas de ellos hasta ese momento.

El auge de la lectura_

La inversión en lectura pública impulsó la industria editorial y el comercio del libro en España al ampliar la base social lectora, nuevos lectores que se convertían a la vez en potenciales compradores de publicaciones.

El gobierno republicano consideraba que en cada localidad de 4.000 o 5.000 habitantes donde instalase una biblioteca, surgiría un librero. Así, en el medio plazo la industria editorial española registraría un auge que se concretaría en un gran mercado nacional independiente del exterior.

Los editores, conscientes de las nuevas posibilidades del mercado interior así como de la débil red de distribución y puntos de venta, consideraron que debían fomentar la difusión del libro, acercando las obras al público, llevando el libro a las manos de la gente a través de una feria callejera que vería la luz en Madrid y se celebraría del 23 al 29 de abril de 1933.

La primera feria_

Fueron veinte los editores madrileños que decidieron participar de manera independiente en la primera edición de esta feria, con el objetivo de popularizar y divulgar el libro, saliendo al encuentro de los lectores.

Y es que las librerías del momento no exhibían suficientemente sus publicaciones y la propaganda resultaba escasa. Además, estos negocios aún tenían algo de recinto cerrado a los que sólo acudían especialistas, intelectuales y profesionales… un ambiente que alejaba de su interior a las clases más populares, intimidadas por el perfil elitista de su público.

Pero la verdadera innovación de la feria, y a diferencia de la ya establecida Fiesta del Libro (actual Día del Libro), residía en que la mayoría de las obras que presentaban las editoriales participantes eran novedades, libros que permanecían en el comercio diario de librería y, además, más baratos.

La feria no se aprovecharía para vender libros antiguos o de difícil salida, sino para mostrar la producción bibliográfica más moderna y ofrecerla con un descuento del 10% sobre el precio final, sentando una tradición que se mantiene en nuestros días.

Diseño novedoso_

Pero, además de por su modelo de venta, la nueva feria supondría un paso cualitativo por su diseño y organización.

El espacio elegido para sacar los libros al aire libre fue una avenida amplia, céntrica y simbólica de la ciudad de Madrid, el Paseo de Recoletos, en el lugar donde hoy se dispone cada año la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.

Se decoró el recorrido con carteles sujetos en los troncos de los árboles, con frases de ilustres escritores incitando a la lectura, como esta de Cicerón: “Una habitación sin libros es como un cuerpo sin alma”, la de Plinio: “No hay libro por malo que sea que no contenga cosas instructivas”, la de Roger Bacon: “Leer es conversar con los sabios” o la de Fray Antonio de Guevara: “La sabiduría no está en los hombres canos sino en los viejos libros”.

Casetas exclusivas_

Además, ya no bastaba con los habituales puestos provisionales en las aceras de las librerías como prolongación de sus escaparates y estanterías… muy al contrario, en la feria las editoriales y las librerías se pondrían sus mejores galas para exhibir y vender su producción bibliográfica.

Para la ocasión se diseñaron unas casetas artísticas y funcionales de madera y pintadas de colores para cada expositor, que facilitasen la muestra de libros. Estas casetas originales eran estéticamente muy similares a las que hoy podemos encontrar en la Cuesta de Moyano.

Sobre las mismas se dispusieron altavoces, no solo para poder escuchar los discursos de las autoridades sino también a los escritores más destacados del momento que, durante la semana que duraba la feria, fueran tomando la palabra ante el micrófono situado frente a la iglesia de San Pascual.

Autores como Ramón J. Sender, Eduardo Zamacois o Alberto Insúa pronunciaron charlas en estos micrófonos, animando a la compra y lectura de libros.

Las primeras formas de libros_

También se puso de moda el que estos mismos autores firmaran ejemplares de sus obras a los compradores, un ritual que continua en la Feria actual.

A la inauguración de la I Feria del Libro, el 23 de abril de 1933, asistieron el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Fernando de los Ríos, y el alcalde de Madrid, Pedro Rico. También visitaron la feria en aquellos días Niceto Alcalá-Zamora, el Presidente del Gobierno, Manuel Azaña, y los Ministros de Estado, Agricultura y Justicia.

El triunfo de los editores madrileños_

El madrileño Paseo de Recoletos se convirtió no sólo en capital simbólica del libro por una semana, sino también en un espacio de sociabilidad donde convivían distintos colectivos de la ciudad compartiendo su interés por el libro, gentes de toda condición social y profesional: niños, mujeres, profesionales de traje, obreros, militares, religiosos, etc.

El propósito de los editores se consiguió con una gran asistencia de público y un alto porcentaje de ventas. De hecho, la enorme repercusión de la I Feria y sus resultados económicos animaron a las editoriales a repetir la experiencia en los años sucesivos, ampliándose tanto los días de duración como el número de participantes.

Una feria ambulante_

Los resultados de esta primera feria madrileña fueron tan positivos que los editores decidieron extenderla a toda España mediante el uso de dos camiones librería para así acercar los libros a todos los públicos, independientemente de sus lugares de residencia.

La idea, planteada por Fernando de los Ríos, consistía en la creación de una biblioteca ambulante transportada en camiones y autobuses a los pueblos y aldeas. La carrocería de estos camiones se abría y en veinte minutos se convertía en una atractiva librería en la que se mostraban los diferentes títulos.

Cada camión contaba con un circuito eléctrico para iluminar los expositores, instalación radiofónica, micrófono, altavoces, tocadiscos y proyector de películas, alimentados por un generador eléctrico conectado al motor del automóvil.

A la llegada a cada localidad el camión era recibido por las autoridades, los niños de la escuela y buena parte de la población, para quienes la estancia del camión en su pueblo representaba todo un acontecimiento.

Una vez instalado en la plaza comenzaban las ventas de los libros, amenizando a los compradores con música.

El camión solía estar un día en los pueblos de población mediana y dos en las localidades más grandes, a veces incluso visitaban en un mismo día dos localidades muy pequeñas.

En ellos podían adquirirse libros nuevos y modernos como en las ciudades que contaban con librerías, promocionando la lectura y realizando una innegable labor social.

Tristemente, estos camiones fueron requisados por el Quinto Regimiento y acabaron sus días en la Sierra de Guadarrama durante la Guerra Civil, llevando lecturas a los soldados del frente leal a la República hasta que fueron destrozados por la metralla enemiga.

El parón de la guerra_

El estallido de la Guerra también afectó a la Feria. Se celebraron dos ediciones más, en 1935 y 1936, antes de que la contienda y la primera posguerra abrieran un paréntesis que se cerró en 1944 cuando, rebautizada como Feria Nacional del Libro, las casetas volvieron al Paseo de Recoletos.

El retiro: un nuevo escenario_

La Feria se siguió celebrando es este mismo lugar hasta 1967, año en que se trasladó al Parque del Retiro debido a la falta de espacio por el incremento de participantes, tanto librerías y editoriales como visitantes, e institucionalizándose como una cita anual en el parque madrileño cada primavera.

Hoy sigue resultando interesante comprobar cómo muchos de los elementos originales de aquella primera Feria del Libro de 1933, la primera de España, se mantienen en las ediciones actuales, habiendo conseguido forjar una de las tradiciones más arraigadas en la historia moderna de la capital, fomentando el placer universal y atemporal de la lectura y poniendo a disposición de los madrileños una de las armas más poderosas para cualquier sociedad: los libros.

Fernando de los Ríos Urruti (Ronda, 1879-Nueva York, 1949)

Fernando de los Ríos Urruti (Ronda, 1879-Nueva York, 1949)

La tierra habitable ha sido toda ella descubierta, pero nos queda el mundo sin contornos, infinito, constituido por el orbe del espíritu; lo que en éste se logra el libro nos lo dice
— Fernando de los Ríos


¿cómo puedo encontrar la feria del libro en madrid?