Matías y la fábrica de chocolate

Antigua fábrica de chocolates de Matías López. Madrid, 2020 ©ReviveMadrid

Antigua fábrica de chocolates de Matías López. Madrid, 2020 ©ReviveMadrid

matías lópez, el dulce sabor del éxito

¿Quién no ha disfrutado alguna vez con alguna de las versiones cinematográficas del clásico infantil Charlie y la Fábrica de Chocolate? La historia del extravagante Willy Wonka, un personaje que consigue sobreponerse a una infancia traumática para convertirse en el más exitoso fabricante de chocolate del mundo, dueño de una fábrica ejemplo de I+D, con unos empleados (los Oompa Loompa) felices por sus condiciones laborales y diseñador de novedosas estrategias de marketing capaces de ganarse a cualquier consumidor. S trata de una divertidísima historia de ficción, pero… ¿y si te dijera que en el Madrid del siglo XIX ya existió un Willy Wonka dedicado al negocio del chocolate y era gallego? Su nombre era Matías López y su vida real sí que es digna de una película de Hollywood.

En el siglo XIX, el cacao era uno de los productos de consumo preferidos en Europa, tras haber sido introducido por los españoles en torno a 1528. Nuestro país fue el precursor de esta revolución gastronómica que pronto se extendió por las cocinas más exigentes de la aristocracia mundial. Siempre a la taza, el chocolate era la bebida por antonomasia de desayunos y meriendas de la nobleza, hasta que sus niveles de consumo fueron abaratando el producto y haciéndolo asequible a todos los sectores sociales.

A mediados del siglo XIX, la aparición de las primeras tabletas de chocolate en Inglaterra favoreció el desarrollo industrial de este producto alimenticio… un tren que Matías López no dejaría pasar.

Matías López López había llegado a Madrid en 1844 en una caravana de comerciantes para ganarse la vida, procedente de su Sarria natal. Sin apenas educación, pero consciente de que la formación sería fundamental para iniciar un camino propio, el joven lucense comenzó a estudiar francés, administración y matemáticas en la escuela nocturna progresista de Madrid, mientras por las mañanas trabajaba en una tienda de ultramarinos y coloniales que disponía de un pequeño obrador de chocolate.

Cuando Matías conoció en profundidad el proceso de fabricación del chocolate, que por aquel entonces seguía siendo manual y exigía duras tareas como el tostado, descascarillado, molido y mezclado a mano o con máquinas de tracción animal, se decidió a dar el paso de iniciar un negocio propio. Con mucho esfuerzo consiguió ahorrar 6.000 reales y, en 1851, fundó su propio obrador en la Calle de Jacometrezzo: “Chocolates y Dulces Matías López”.

A fuerza de astutas estrategias de “marketing” caseras, fue sacando adelante su nuevo negocio. Para dar a conocer su producto, enviaba insistentemente a su esposa y a sus amigos a las tiendas de comestibles para pedir al tendero los chocolates Matías López, generando demanda. Unos días después, el propio Matías se presentaba en los ultramarinos ofertando su producto a los comerciantes, que se lo quitaban de las manos a precio de oro. Una idea sencilla pero muy efectiva.

El objetivo de Matías era producir un chocolate de buena calidad y a un precio asequible. Para ello comenzó a investigar nuevos sistemas de producción, interesándose por los avances tecnológicos en su sector que se producían en otros países, con el objetivo de abandonar la producción manual de chocolate y buscar máquinas para hacerlo.

Viajó por toda Europa para conocer los adelantos industriales y los distintos sistemas de organización empresarial. Contrató a los mejores expertos, implantó las nuevas máquinas a vapor y en 1861 estableció una nueva fábrica en este local de la Calle de la Palma 8, en donde, al poco tiempo, ya producía 5.000 kilos de chocolate al día… ¡el 80% del consumo total de chocolate en España!

Su negocio iba viento en popa, llegando a convertirse en proveedor oficial de la Casa Real pero, no contento con lo conseguido hasta el momento, decidió dar un paso más para que su chocolate llegara a todas las capas de la sociedad… y lo consiguió preparando la que sería la primera gran campaña de publicidad de nuestro país.

En aquella época, el 50% de la población era analfabeta. Matías López se dio cuenta de que debía vender su producto a través de dibujos y contactó con el famoso litógrafo madrileño N. González para que, en colaboración con el dibujante Francisco Ortego Vereda, diseñaran el primer cartel publicitario de España, conocido popularmente como Los gordos y los flacos. En él se representaba a una pareja antes y después de comer chocolate Matías López, primero flacos y tristes y luego orondos y felices.

Esta primitiva campaña de marketing funcionó tan bien que Matías empleó de manera exhaustiva la publicidad como una de sus estrategias más innovadoras y arriesgadas. Sus anuncios eran constantes en la prensa nacional y usaba cualquier soporte para las ilustraciones en las que publicitaba sus chocolates: tarjetas, cromos, calendarios… hasta se llegó a componer un pasodoble como himno de la compañía que tenía como protagonistas a sus “gordos y flacos”.

Tal fue el éxito de don Matías que pronto su fábrica de chocolate se quedó pequeña. En 1874, decidió trasladarse a El Escorial, donde compró una refinería de azúcar que transformó en su nueva fábrica de chocolate.

Esta nueva factoría estaba pegada a la estación de ferrocarril, lo que Matías aprovechó para instalar vías y vagones de tren en su interior para facilitar el transporte de materias primas y producto terminado, mejorando así los procesos de producción y distribución.

Su fábrica revolucionó El Escorial, llegando a fabricar casi 8.000Kg de chocolate al día con 500 empleados y distribuyendo chocolate a 3.000 puntos de venta, incluidas las colonias españolas y algunos países europeos.

La labor de Matías López en El Escorial fue milagrosa: de una población de tan sólo 200 habitantes cuando inició su producción en 1874, se pasó a 1.300 en 1930.

Matías convirtió la fábrica y sus alrededores en una colonia industrial, la primera Ciudad Lineal de España para obreros, en la que era agradable trabajar, gracias los servicios e instalaciones que el gallego implementó, entre los que estaban viviendas de alquiler a precios bajos, economato, tahona, fonda, casino, jardines, capilla, colegio y hasta un puesto de la Guardia Civil.

Fue uno de los primeros empresarios en establecer la jornada de ocho horas con tres turnos para sus trabajadores, que contaban con planes de pensiones, cobertura médica, educación gratuita para sus hijos e incluso créditos a bajo interés para adquirir viviendas fuera del recinto o para poner en marcha pequeños negocios. Se puede decir que Matías López creó la primera Seguridad Social de nuestro país y fue el gran impulsor del bienestar social de los trabajadores.

Sus chocolates, considerados unos de los mejores del mundo, llegaron a recibir más de 40 premios y medallas a nivel nacional e internacional. Matías reflejaba todos estos premios en los anuncios y envoltorios de sus productos como recurso publicitario.

Además, Matías llegó a ser Diputado Nacional y Senador Vitalicio, nombrado por el Rey Alfonso XII. Recibió la Medalla de Plata de Fomento de las Artes, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y fue nombrado Caballero de la Legión de Honor de Francia.

Cuando Matías López y López falleció, en junio de 1891, su imperio chocolatero se contaba entre los tres más importantes de Europa, sólo tras Nestle y Lindt, con una facturación anual de 8 millones de pesetas.

No contento con su labor empresarial, su amplia su labor social fue de tal repercusión que el Papa León XIII concedió a su viuda el título pontificio de Marquesa de Casa López, en gratitud por su labor filantrópica.

Con sus herederos al frente, la compañía pasó por dificultades y trisitemente, en 1964, la fábrica cerró a causa de la mala gestión.

En 2014 su tataranieto recuperaba la marca y la ponía de nuevo en el mercado, como homenaje a aquel humilde gallego que, a fuerza de tesón y trabajo, llegó a construir en uno de los más importantes y revolucionarios imperios comerciales del siglo XIX… un dulce recuerdo que hoy es parte de nuestra Historia.

Matías López y López (Sarria (Lugo), 1825 - Madrid, 1891)

Matías López y López (Sarria (Lugo), 1825 - Madrid, 1891)

Es que aquellos tiempos que alegres pasaron,
El símbolo e imagen del gordo de ayer,
Que mira orgulloso al flaco inocente,
Que un buen chocolate nunca lo probó.
El chocolate Matías López,
En el mercado no tiene igual…
— Pasodoble en honor a los chocolates Matías López

Cartel publicitario chocolates Matías López. “Los gordos y los flacos”

Cartel publicitario chocolates Matías López. “Los gordos y los flacos”



¿dónde puedo encontrar el lugar en el que se encontraba el obrador de chocolate de matías lópez?