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Tumba de Antonio Cánovas del Castillo

Tumba de Antonio Cánovas del Castillo. Madrid, 2019 ©ReviveMadrid

El arquitecto de la Restauración

Después de que los ciudadanos españoles hayamos sido llamados tres veces a las urnas para elecciones generales en tan solo cuatro años… ¿dirías que existen políticos en nuestro país dispuestos a pactar para llegar a acuerdos de Gobierno? Esta situación, inédita en la Historia de España, seguramente haría avergonzarse a políticos de otros tiempos… especialmente al malagueño Cánovas del Castillo, sin duda el político español más importante del último tercio del siglo XIX, artífice de la Restauración borbónica y promotor del turnismo de partidos.

Antonio Cánovas del Castillo nació en Málaga el 8 de noviembre de 1828, en el seno de una familia ilustrada pero modesta. Su padre murió pronto y, siendo adolescente, Antonio tuvo que trabajar duro como profesor para sacar adelante a sus cuatro hermanos. Gracias a la ayuda de su tío pudo estudiar en Madrid la carrera de Filosofía y Jurisprudencia, comenzando a trabajar como abogado e iniciando una carrera política que le llevaría a ser seis veces presidente del Gobierno.

Sus mandatos estuvieron marcados, entre otros hitos, por un desarrollo del capitalismo en lo económico, la creación del Código de Comercio en lo jurídico, los conflictos con Cuba que desembocaron en la guerra de Independencia cubana y las crecientes tensiones con anarquistas y colectivos obreros. Aunque si por algo es recordado Cánovas del Castillo es por haber sido el estadista artífice de la Restauración.

Tras la Revolución “Gloriosa” de 1868 y el fin de la monarquía borbónica, se sucedieron el fallido reinado de Amadeo I y el turbulento periodo de la I República, generando una profunda inestabilidad política, social e institucional en nuestro país. En 1870, la propia Isabel II acudía al político malagueño para que asumiese los trabajos de una posible restitución monárquica, que cristalizarían en 1874 con el Pronunciamiento de Sagunto del general Arsenio Martínez Campos y la proclamación de Alfonso XII como rey en el año 1875.

El nuevo marco de actuación quedaba establecido en la Constitución de 1876, redactada por Manuel Alonso Martínez, con la que Cánovas pretendía dar carpetazo a los pronunciamientos militares tan frecuentes durante el reinado de Isabel II. Para conseguir la estabilidad política se hacía necesaria una alternancia pacífica en el poder, lo que se logró a través del turno de partidos… un sistema bipartidista, poco democrático, basado en la alternancia de gobierno entre los liberales de Práxedes Mateo-Sagasta y los conservadores de Cánovas del Castillo, firmada en el Pacto del Pardo.

El bipartidismo ponía fin a la inestabilidad instalada en el país desde hacía décadas, pero granjeó al malagueño una interminable lista de enemigos. Grupos políticos como socialistas y anarquistas tenían muy poco margen de actuación, marginados en un sistema electoral amañado. Las violentas reivindicaciones de estos partidos, en muchos casos a través de atentados, fueron respondidas con la misma contundencia por parte del estado.

El atentado de la Procesión del Corpus en Barcelona, cometido por anarquistas el 7 de junio de 1896, en el que seis personas murieron en el acto y otras cuarenta y dos resultaron heridas, supuso el arresto de más de trescientos anarquistas, socialistas y sindicalistas. Seis personas serían ejecutadas sumariamente tras un juicio dudoso; cincuenta y cinco condenadas a cadena perpetua y el resto deportadas a África. El proceso, ordenado y supervisado por Antonio Cánovas del Castillo, levantó una ola de protestas por toda Europa, que criticaban las condenas y la forma en la que se habían obtenido las confesiones de los acusados. Esta decisión supondría, a la postre, la sentencia de muerte para el político malagueño.

Cánovas murió asesinado el 8 de agosto de 1897, en el balneario de santa Águeda del municipio guipuzcoano de Mondragón. Mientras leía la prensa sentado en un banco, el anarquista italiano Michele Angiolillo le disparaba tres veces: una bala le causó una herida en la cabeza, otra en la yugular y la tercera en un costado. Según declararía el anarquista en el momento de su detención, el motivo fue la venganza por las muertes de sus compañeros detenidos en Barcelona a raíz del atentado del día del Corpus. Angiolillo fue detenido inmediatamente, juzgado y ejecutado mediante garrote vil el 20 de agosto de ese mismo año.

La noticia del crimen tuvo una extraordinaria resonancia, tanto en España como en el mundo. El viaje de los restos mortales del político a Madrid supuso una triste y solemne manifestación de duelo. Tras el magnicidio, el rival político de Cánovas, y sin embargo amigo, Práxedes Mateo Sagasta, pronunció la siguiente frase: “Después de la muerte de Don Antonio, todos los políticos podemos llamarnos de tú”.

Actualmente, el cuerpo de Antonio Cánovas del Castillo reposa, junto al de Sagasta, en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, en este sepulcro obra del escultor de Agustín Querol. La efigie de Cánovas reposa sobre un sarcófago en cuyo frente aparecen una joven abrazada al cuerpo y seis virtudes: Templanza, Sabiduría, Justicia, Elocuencia, Prudencia y Constancia.

Este arquitecto ideológico de la España de finales del siglo XIX, con una trayectoria de luces y sombras, es recordado como uno de los políticos más brillantes de la Historia española contemporánea, no sólo por su talla personal que hizo que sus colegas le otorgaran el apodo de “El Monstruo”, sino sobre todo, por la intención del sistema político que ideó, respetando e incluyendo mediante el diálogo al adversario, al que supo ver como un complementario… una enseñanza que hoy bien podrían aplicarse nuestros representantes.

Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 1828-Mondragón, 1897)

Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 1828-Mondragón, 1897)

Jamás he inclinado la cabeza ante nadie, pero siempre lo hacía con respeto al oír el nombre de Cánovas.
— Otto von Bismarck


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