Oráculos del tiempo

Castillete del Retiro en Madrid

Castillete del Restiro. Madrid, 2022 ©ReviveMadrid

Castillo Meteorológico del retiro: tiempo al tiempo

¿Qué tiempo hará mañana? Esta es una de las dudas existenciales que nos persiguen al terminar el día… y es que la predicción meteorológica determina desde nuestro atuendo hasta la posibilidad de viajar en las próximas horas. Es por eso que, cada noche, millones de personas en todo el mundo nos sentamos frente al televisor para conocer la previsión del tiempo, un pronóstico que se convirtió en ciencia con el paso de los siglos.

La Meteorología es una ciencia relativamente moderna si la comparamos con otras disciplinas científicas. Sus principales bases teóricas no quedaron establecidas hasta las primeras décadas del siglo XX, a pesar de que los inicios de la predicción del tiempo se remontan prácticamente a los orígenes de la humanidad.

Mediante la mera observación del cielo, nuestros ancestros comenzaron a establecer primitivas reglas de predicción del clima, basadas en sus tonalidades, en el tipo de nubes o la dirección del viento… todas ellas señales de vital importancia, ya que la supervivencia de estas sociedades dependía en gran medida del factor ambiental.

El posterior desarrollo de la agricultura otorgó mayor importancia a la capacidad de conocer con antelación cambios meteorológicos como la llegada de lluvias, las posibles heladas, el granizo, etc.

Comenzaron por aquel entonces a establecerse una serie de creencias en torno al tiempo y al clima incidiendo a la vez en la agricultura, la ganadería, la vegetación, el paisaje, la economía y hasta en la propia salud del hombre. Y es que la incertidumbre climática afectaba psicológicamente a la población, temerosa y muy pendiente del tiempo venidero.

Ya en el siglo XVII, más del ochenta por ciento de la población española masculina era analfabeta y tan sólo alguna mujer privilegiada sabía leer. A pesar de todo procuraban, en la medida de sus limitadas posibilidades, pronosticar el tiempo por sí mismos.

La sociedad española del Siglo de Oro basaba sus pronósticos en el aprendizaje memorístico de una serie de proverbios, frases hechas y refranes que intentaban aplicar a sus previsiones atmosféricas tras observar el aspecto que mostraba el sol a su salida y a su puesta, la luna en sus fases, las estrellas o las nubes.

También analizaban otros signos de cambios de tiempo que incidían en distintos objetos y enseres de uso cotidiano, así como el comportamiento de los animales domésticos, el vuelo de los pájaros, etc.

Las señales de cambio del tiempo, escritos en versos rimados en forma de pareados para que resultara fácil aprenderlos de memoria, pasaban oralmente de padres a hijos y quedaban registrados en los famosos refraneros.

Estos signos también se compilaban en las llamadas Chronographias o Repertorios de Tiempos, verdaderas recopilaciones de los conocimientos de la época sobre Astrología, Astronomía, Historia y Meteorología, incluyendo la adecuación del tiempo atmosférico a la realización de labores agrícolas y ganaderas, la construcción de viviendas o la salud.

Los autores de estas enciclopedias de tiempos fueron grandes eruditos. Sin duda el más famoso fue el matemático, historiador, médico, geógrafo, astrónomo e ingeniero sevillano Jerónimo de Chaves, considerado el primer “meteorólogo” de la Historia.

Además, dedicaban muchas páginas a la llamada “Astrología Rústica”, como se conocía vulgarmente al pronóstico natural del cambio del tiempo, incorporando como guía cientos de signos a tener en cuenta para poder acertar en el pronóstico del tiempo venidero. Por ejemplo, para poder predecir lluvias estas eran algunas de las señales:

  • Cuando el agua de un pozo estaba más caliente de lo normal.

  • Cuando las campanas de las iglesias sonaban más fuerte de lo normal.

  • Cuando la carne salada se humedecía.

  • Cuando las cerraduras de las puertas se abrían con dificultad.

  • Cuando caía el hollín de la chimenea.

  • Cuando cualquier olor era más fuerte de lo normal.

  • Cuando plumas o pajas dibujaban remolinos en el suelo a causa del aire.

  • Cuando la sal se deshacía.

Algunas de estas creencias siguen todavía hoy en día arraigadas en el ámbito rural. Muchas de ellas, junto con sistemas de predicción como las cabañuelas o las témporas, han pervivido al paso de los siglos a pesar de carecer de base científica.

La simple observación del entorno se mantuvo como método de predicción meteorológica hasta 1643, cuando el físico italiano Evangelista Torricelli inventó el barómetro, un sencillo dispositivo capaz de medir la presión del aire que permitía establecer una relación entre estos cambios de presión y el clima. Así se comprobó que una disminución de la presión del aire solía avecinar una tormenta.

A este avance fundamental se unió, en 1644, la invención del higrómetro, que permitió medir la humedad del aire. Más tarde, en 1714, el físico alemán Daniel Fahrenheit desarrolló el termómetro de mercurio. Todos estos adelantos unidos hicieron posible medir con exactitud el tiempo meteorológico.

En 1765 el científico francés Antoine-Laurent Lavoisier comenzó a realizar mediciones diarias de la presión atmosférica, humedad, velocidad y dirección del viento, afirmando que era posible predecir el tiempo uno o dos días antes con bastante exactitud.

Sin embargo, la predicción meteorológica basada en el método científico no surgió hasta mediados del siglo XIX, gracias a la instalación de distintos observatorios en diferentes países para recopilar datos diarios y al desarrollo del telégrafo eléctrico.

De esta manera, durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, las estaciones telegráficas compartieron instalaciones con los propios observatorios meteorológicos. Los meteorólogos de los diferentes países comenzaron a llevar a cabo las primeras predicciones y a compartirlas casi al instante con sus análogos extranjeros repartidos por toda Europa a través del telégrafo eléctrico, permitiendo la elaboración de los mapas del tiempo modernos.

En España, las primeras observaciones meteorológicas vinieron apoyadas por el impulso ilustrado de fomentar las ciencias y las letras, que alcanzó su momento cumbre con el reinado de Carlos III, a mediados del siglo XVIII.

En aquel momento aún no existía una clara distinción entre Meteorología y Astronomía, de manera que el primer intento serio de observaciones meteorológicas sistemáticas vino de la mano del Observatorio Astronómico de Madrid, situado en el parque del Retiro.

Hacia 1887, las labores de investigación meteorológica del Observatorio Astronómico se separaron en un nuevo espacio dentro del mismo Parque. En concreto, en este curioso castillete, ubicado en el número 2 del Paseo de Uruguay, construido entre 1848 y 1850, que en su momento albergó el primer telégrafo óptico de la ciudad.

El uso de la telegrafía óptica duró muy poco, ya que muy pronto fue sustituida por la eléctrica, por lo que este característico edificio se readaptó como primera sede oficial de la meteorología española, el Instituto Central Meteorológico, germen de la actual Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Desde ese momento, aquí se comenzó a centralizar diariamente la información meteorológica del resto de los observatorios provinciales y a realizarse observaciones sistemáticas de la atmósfera comenzando a utilizar los novedosos globos sonda.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Meteorología fue ganando cada vez mayor importancia y, en 1960, los nuevos Servicios Meteorológicos fueron ampliados y trasladados a la Ciudad Universitaria, cayendo nuevamente el Castillo Meteorológico del Retiro en el olvido.

Aunque actualmente el edificio se encuentra desocupado y en avanzado estado de deterioro, el Ayuntamiento de la capital se ha comprometido a reformarlo para albergar un Museo Meteorológico que recupere este espacio y su antigua función para el disfrute de todos los madrileños.

La perfección de la predicción meteorológica ha evolucionado con el tiempo, desde el mundo de las supersticiones, las creencias o las intuiciones de la sabiduría popular, hasta la más sofisticada tecnología, capaz de explorar la atmósfera y establecer pronósticos climáticos con mínimos márgenes de error… una información que, como pocas, continúa marcando nuestras vidas en el día a día desde hace miles de años.

Imagen del meteorólogo Mariano Medina

Mariano Medina Isabel (Toledo, 1922-Madrid, 1994)​

...resulta emocionante ver nacer una borrasca, sobre todo si predijo su nacimiento. Uno está convencido de que las leyes físicas que gobiernan la meteorología son verdad
— Mariano Medina


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