Alicatando ilusiones

Alicatado obra de Enrique Guijo. Madrid, 2018 ©ReviveMadrid

Alicatado obra de Enrique Guijo. Madrid, 2018 ©ReviveMadrid

enrique guijo,el renacimiento de la cerámica

¿Cuántas veces has doblado esta característica esquina del barrio de Malasaña sin reparar en lo especial de la historia que atesora? Al igual que en “El Mago de Oz”, en la fachada de la Antigua Farmacia Juanse los azulejos amarillos marcan el camino… en este caso el de la evolución de la publicidad en España, de la mano de ceramistas tan prestigiosos como Enrique Guijo.

El origen de la publicidad exterior en España nos transporta a la invención de la imprenta en el siglo XV, cuando surgieron los primeros “carteles informativos” que reemplazaron a los tradicionales pregoneros.

A través del uso de imágenes, estos primitivos “anuncios” conseguían transmitir, mediante asociación de ideas, un mensaje claro a una población eminentemente analfabeta en la que el 90% de los habitantes no sabían leer ni escribir.

España fue pionera, desde el siglo XVIII, en el empleo de publicidad gráfica a través de la cartelería taurina, cuyo desarrollo marcó la apertura a lo largo del siglo XIX de imprentas litográficas dedicadas a la estampación a color de carteles. Esta infraestructura técnica marcaría un antes y un después en el desarrollo del cartel comercial español, que comenzaría su andadura en 1875 con el pionero diseño de la cartelería de Chocolates y Dulces Matías López.

Por aquel entonces la publicidad era una novedad y los primeros anuncios públicos en forma de carteles se colocaban en las ventanas de los tranvías y en los escaparates de las tiendas o se exhibían en marquesinas de vidrio y madera muy frágiles, siempre a la intemperie.

Sin embargo, desde los primeros años del siglo XX surgieron nuevos soportes publicitarios, en paralelo al desarrollo de nuevas firmas comerciales. Uno de los más singulares fueron los mosaicos anunciadores de cerámica artesanal, a base de azulejos esmaltados de vivos colores, que añadían a su valor estético una importante virtud: impermeabilidad y perdurabilidad.

La cerámica se convirtió en el medio ideal para anunciarse, atraer clientela y generar recuerdo de producto al formar parte de la arquitectura urbana madrileña, con espectaculares diseños realizados por artistas de la talla del cordobés Enrique Guijo.

Ceramista, pintor, diseñador y restaurador Enrique Guijo fue el autor de una de las señas de identidad de Madrid: sus azulejos comerciales. Un hombre del Renacimiento, como le definió su amigo Manuel Machado, y el gran revitalizador de la cerámica talaverana de principios del siglo XX, junto a su amigo Juan Ruiz de Luna.

Este desconocido cordobés fue, además, fundador, profesor y director de la Escuela de Cerámica de Madrid y trabajó para Mariano Benlliure, Joaquín Sorolla o Daniel Zuloaga, que siempre confiaron en su virtuosismo decorativo.

Entre otros, Enrique Guijo participó en la elaboración de famosos conjuntos cerámicos como los del tablao Villa Rosa, junto a su alumno Alfonso Romero; los anuncios de la antigua Estación de Metro de Chamberí; la fachada de la Huevería de la Calle San Vicente Ferrer; los rótulos del Matadero; el precioso cartel de la Librería de los Bibliófilos Españoles, en la Travesía del Arenal o los famosísimos azulejos de la hoy clausurada Taberna Los Gabrieles, en la Calle Echegaray, considerada por muchos la "Capilla Sixtina" del azulejo comercial.

Esta fachada de la Farmacia o laboratorios Juanse, en el número 32 de la Calle San Vicente Ferrer, es una de las obras más reconocidas de Enrique Guijo y data de 1925.

Sus azulejos y cenefas anuncian curiosos y divertidos remedios farmacéuticos relacionados con los males y enfermedades de la época: aguas minerales, medicamentos puros, óvulos, vacunas, sueros, gasas, etc. También remedios como el “Odontológico Juanseca”, contra el dolor de muelas; otros para curar la diarrea, como el “Diarretil Juanse”; “El jarabe balsámico Juanse”, para tratar bronquitis, catarros, asma, gripe y tos; la “Embrocación Juanse”, una cataplasma para curar los dolores de espalda y extremidades; o los “Fumables Juanse” de los que sólo sabemos que resultaban inofensivos, según aclaran los propios azulejos. Todos estos productos aparecen anunciados en los paneles cerámicos diseñados por Enrique Guijo que servían de escaparate y catálogo a la Farmacia.

En 1926, el ceramista cordobés fue nombrado conservador del Museo Municipal de Madrid, al que había donado su colección de cerámica, que sirvió de base a la sección que este museo dedicaría posteriormente a la alfarería.

Quien fuera autor de parte del ADN de la capital, fue perdiendo la vista progresivamente hasta morir, en 1945, ciego, solo y casi olvidado al igual que su huella, característica de una época en la que que la cerámica alicataba de ilusiones las calles de Madrid mucho antes de que lo hicieran los neones o las pantallas digitales… y que merece ser recordada, valorada y preservada en la memoria de futuras generaciones.

Enrique Guijo (Córdoba, 1871 - Madrid, 1945)

Enrique Guijo (Córdoba, 1871 - Madrid, 1945)

Enrique Guijo, espíritu del Renacimiento, inquieto de todo arte...
— Manuel Machado


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